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Internacional

La odisea del Gernika


El mar siempre ha representado, en el imaginario colectivo, a la libertad. Hoy poco queda de esa idealización. Ellos no son piratas, ni traficantes, ni contrabandistas. Son civiles embarcados junto con material humanitario rumbo a uno de los territorios más aislados y castigados del mundo: Gaza.

Gaza, territorio bloqueado por Israel, vive una crisis humanitaria

Ayer, 1 de julio, el Ministerio de Protección Ciudadana de Grecia dio la orden de inmovilizar los barcos de la Segunda Flotilla de la Libertad, que había hecho escala en costas helenas. Una decena de embarcaciones, tripuladas por más de 300 personas de 45 países. Entre ellos, un barco español, el Gernika, inmovilizado en estos momentos por el cuerpo de guardacostas griego sin ningún tipo de explicación.

Santiago Alba Rico, filósofo, ensayista e intelectual comprometido, que ha escrito artículos en importantes publicaciones, entre ellas el periódico Público, se encuentra a bordo del Gernika. Hoy nos llegan unas líneas escritas de su puño y letra desde las olas del puerto cretense de Kolimpary:

“Nuestro barco es bello y además legal, y esta combinación parece una provocación excesiva para un gobierno que se dice democrático y soberano, pero que cede así abiertamente, violando sus propias leyes y las de la UE, ante el estado de Israel.”

“No hay ningún motivo para esta retención; es sencillamente la declaración impúdica de que Israel es más fuerte que el derecho, más poderoso que nuestros Parlamentos, más decisivo que la voluntad del pueblo.”

“Nuestro barco es legal”, afirma Alba Rico, y es cierto. A nivel comunitario, le ampara el tratado de Schengen, que permite la libre movilidad de las personas en el ámbito europeo y está firmado tanto por España como por Grecia. A nivel planetario, el Derecho Internacional protege, aunque sea sobre el papel, su ayuda civil, pacífica y humanitaria. El gobierno griego está actuando ilegalmente, el español ha hecho dejación de funciones.

Cuando la irracionalidad está acompañada además de la fuerza física, parece que sólo nos queda preguntar “¿por qué?”, y al menos tratar de comprender la situación. El Estado de Israel parece tener control sobre la soberanía griega, gracias a su presión económica. El Estado griego no parece estar en condiciones de plantar cara a ningún otro Estado, y menos al de Israel, dada su situación, en medio de rescates y planes de ajuste asfixiantes. ¿Qué tenemos los civiles? Esta vez, por Humanidad y por respaldo jurídico, tenemos la razón. Lo único que no tenemos es la fuerza bruta que tienen ciertos Estados. Pero somos obstinados.

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Acerca de Eduardo Muriel

Periodista y comunicador social. Actualmente vivo en Barcelona y desde allí colaboro con La Marea y escribo una columna en El Correo Extremadura

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