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Derechos Humanos, Internacional

Los estadounidenses también sufrirán el ‘método Guantánamo’


Presos en la base de Guantánamo - AFP

Guantánamo es uno de los puntos más negros del mundo en lo que a derechos humanos se refiere. Entre los crímenes ha habido “desapariciones forzadas, tortura y otros tratos crueles, inhumanos o degradantes” a personas que no han tenido derecho a juicio. Todos recordamos las imágenes de Abu Grahib o los vuelos secretos de la CIA con ‘desaparecidos’ que hacían escala en nuestro país con el visto bueno del ejecutivo español.

El gobierno de EEUU mantuvo encerrados durante años a casi 800 prisioneros sin derechos en Guantánamo, aunque los mandos militares consideraban en realidad que cientos de ellos no suponían ningún peligro, tal y como demuestran las fichas de evaluaciones que hicieron dichos mandos y que fueron filtradas por Wikileaks. Los abusos fueron incontables. Las pruebas forenses de algunos de los que se suicidaron durante el cautiverio, por ejemplo, demostraron que muchos de ellos morían en condiciones extrañas.

Hasta ahí todo bien. La Comunidad Internacional daba una voz más alta que otra, algunos países, sobre todo europeos, criticaban con la boca chica a la primera potencia del mundo, mientras entre bambalinas la postura era totalmente cómplice (véase el caso Couso o el de los vuelos secretos de la CIA para tener dos ejemplos). Pero EEUU seguía con sus prácticas, incluso ya pasada la era Bush. Dentro de suelo norteamericano no llegó la sangre al río. Después de todo, aquella gente que era tratada como cualquier cosa menos como gente era, al fin y al cabo, extranjera. Los ciudadanos occidentales somos extremadamente racistas por omisión. Cien mil civiles muertos en Irak durante la guerra no nos quitan el sueño, 3.000 en el ataque a las Torres Gemelas nos provocan un nudo en la garganta de pura pena (y miedo).

Cambios en la legislación estadounidense

José Padilla, estadounidense, fue retenido durante 3 años sin juicio y declarado culpable tras ser aislado y torturado - BBC MUNDO

Sin embargo, lo que tienen las malas prácticas es que, cuando se legitiman, es fácil extenderlas. El pasado 31 de diciembre, hace poco más de una semana, el presidente estadounidense Barack Obama firmó la ‘National Defense Authorization Act’, una ley federal que se lleva promulgando durante los últimos 49 años. ¿Alguna novedad para este 2012? La peor se encuentra en la ‘Sec. 1021’, dentro del ‘Subtitle D—Counterterrorism’, (puedes consultar el documento aquí en .pdf):

“Se da permiso a las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos para detener a las personas contempladas de acuerdo con la Autorización para el Uso de la Fuerza Militar”

Lo que viene es a legalizar la detención por tiempo indefinido de ciudadanos, sean estadounidenses o extranjeros, por el simple hecho de ser sospechosos de terrorismo. Hay que subrayar que no serán detenidos por fuerzas policiales, sino militares, y que no tendrán derecho a juicio, tal y como ya han advertido grupos de defensa de los derechos humanos. El ejército consigue así un poder enorme que abre la puerta a abusos sobre la población.

La ambigüedad de Obama

El presidente de los EEUU, Barack Obama.

Obama, por su parte, ha querido seguir manteniendo su imagen construida de Nobel de la Paz, a pesar de haber posibilitado esta legislación con su firma. “El hecho de que apoye esta ley como un todo, no significa que esté de acuerdo con todo lo que implica. La he firmado a pesar de tener importantes reservas con ciertas disposiciones que permiten la detención, interrogación y acusación de sospechosos de terrorismo”, se ha defendido el presidente estadounidense.

Para el Departamento de Defensa, un terrorista es aquella persona que comete “violencia premeditada, motivada políticamente y perpetrada contra objetivos no-combatientes por grupos subnacionales o agentes clandestinos”. El problema es que, como hemos visto, en las cárceles que tienen esparcidas por el mundo, como el caso de Guantánamo, la mayoría de ellos han resultado inocentes o, al menos, no ser un peligro para la nación. Además, no estamos hablando de terroristas, sino de sospechosos de ser terroristas que no tienen medio constitucional de defenderse.

Lo grave del asunto es que la ley ya está ahí, sentando base, y, si bajo el presidente más ‘progresista’ (entre comillas al gusto del lector) que ha tenido EEUU en los últimos años se ha avanzado en este sentido, ¿qué no se hará con esta legislación cuando un presidente menos ‘nobel de la paz’ ocupe la Casa Blanca? ¿Qué pasará cuando la crisis económica se recrudezca? ¿Qué proporciones tiene la represión que viene? Sospechoso de terrorismo puede ser cualquiera.

Sígueme en Twitter: @eduardomuriel

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Acerca de Eduardo Muriel

Periodista y comunicador social. Actualmente vivo en Barcelona y desde allí colaboro con La Marea y escribo una columna en El Correo Extremadura

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