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Medios de comunicación

El periodismo y su canto de cisne… ¿o de fénix?


Cuando a un periodista le preguntan por qué trabaja contando historias, la mayoría responde que por pasión o porque no sabe hacer otra cosa. La verdad es que nadie tiene del todo claro qué es ser periodista. ¿Tener un título universitario? ¿Ejercer? ¿Cobrar? ¿Contar cosas? Hay respuestas a la carta. Por mi parte, confieso que no tengo ni idea. Cuando algún profesor promovía estos debates en la universidad, yo me limitaba a quedarme callado.

He oído pocas veces, de forma pública, una respuesta diferente, aunque lo he hecho en muchas ocasiones en conversaciones más o menos privadas. A algunos nos cuesta decir para qué nos dedicamos a esto, porque la respuesta está jodidamente mal vista en los tiempos que corren. Tiene que ver con las motivaciones. Hay quien hace periodismo, sencillamente, porque quiere contribuir a cambiar el mundo. Así de cursi queda la cosa, pero así de orgullosos deberíamos decirlo. Bastante desprestigiada está ya la profesión como para que siga siendo terreno exclusivo de aspiraciones frívolas o de doctores en relaciones públicas y estrategias de marketing. Está bien que lo sea para quien así lo sienta, pero, ¿por qué ‘idealista’ es un adjetivo cada vez más despectivo? La pasión es la gasolina fundamental del periodista.

Denunciar la injusticia y enseñar las vergüenzas del ejecutor, del corrupto y del propagandista. Contar lo que sufren y lo que piden aquellos a los que nadie mira, a los que nadie escucha, porque los altavoces están demasiado cerca de los centros de poder. A eso aspiramos muchos periodistas. Para eso queremos aprender esta bella y maltratada profesión. Defendamos su dignidad, que ya toca.

Un día, sin darme cuenta, acabé la carrera y salí de la universidad, hace cerca de un año, a lo que llaman mercado laboral. Eso sí, como becario, que es lo que toca. Y lo que veo a mi alrededor es aterrador. Los medios de comunicación caen uno tras otro como en un apocalipsis zombi, sin tener la decencia de levantarse de entre los muertos para seguir caminando, aunque sea entre lamentos y cojeos.

Los medios que sobreviven tampoco lo llevan muy bien. Me refiero, claro está, a los periodistas que trabajan en esos medios. Las diferencias de salarios son atroces, muchos trabajan de forma precaria, con muchas horas, recibiendo un salario mínimo. Otros muchos se contentan si les dan un puesto sin remunerar en algún medio con un poco de renombre para ‘hacer curriculum’. Otros, que ya llevan muchos años en la profesión, se enfrentan a la misma inseguridad laboral a la que nos enfrentamos los primerizos. Esclavos. Si todos los periodistas que en estos tiempos se intentan abrir paso, contaran su experiencia, tendríamos un ‘deja vu’ colectivo y nos veríamos todos en el siglo XIX.

Pero muchas veces pienso, ¿no nos habremos ganado nosotros lo que nos pasa? No me refiero a exigirle a un compañero que no acepte un trabajo precario. Eso es cargar la responsabilidad en quien no la tiene. Me refiero a nuestra defensa como colectivo. ¿Cómo es posible, por ejemplo, que el Sindicato de Periodistas de Madrid sea un grupo minoritario? Muchos les echarán la culpa a ellos. Pero yo no. Es imposible pelear por unos derechos básicos cuando un 1% de las redacciones está comprometido con esto. Apatía. Siempre esperamos exigir a otros que nos arreglen la vida, en vez de tomar parte nosotros en reivindicar esas mejoras.

La situación de los periodistas se puede alargar hasta el infinito. Nosotros veremos cuál es nuestra capacidad de sufrimiento. Nosotros decidiremos cuándo empezamos a reivindicar la dignidad de una profesión que nunca debió perderla.

Sígueme en Twitter: @eduardomuriel

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Acerca de Eduardo Muriel

Especialista en Marketing Digital en @Fotocasa (@SchibstedSpain) Adquisición y retención. Social Ads y Mobile App Mkt. Emigrante, como buen extremeño.

Comentarios

Un comentario en “El periodismo y su canto de cisne… ¿o de fénix?

  1. Creo que el último párrafo es lo que mejor define uno de los principales problemas de este gremio, Eduardo: tenemos asociaciones, sindicatos y lo que tú quieras, pero sobre todo tenemos un individualismo feroz. Y eso está constituyendo un problema serio a la hora de enfrentarse a esta situación.

    Publicado por Vicente Fernández de Bobadilla | 17 enero, 2012, 14:07

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