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Derechos Humanos, Medios de comunicación

El cierre de Megaupload, epílogo de la World War Web


Megaupload no es la panacea, ni el heraldo de la cultura libre. Ni si quiera cumple con una estructura organizativa acorde con el ideal de Internet —una comunidad de usuarios distribuida, con funcionamiento horizontal y cientos de focos—. Más bien al contrario, Megaupload está controlada por una minoría de propietarios que obtienen beneficios millonarios, manejan todos los datos privados, y con un comportamiento dudoso. Eso trae sus inconvenientes: cerrados los servidores y detenidos los dueños, se pierden los archivos de decenas de millones de personas. Así de vulnerable es/era la estructura de Megaupload.

Sin embargo, es lógico que nos indignemos por su cierre. Se trata de un ataque en toda regla a la libertad en Internet bajo supuestos muy poco legítimos. Para defender los beneficios millonarios de una industria cierran todo un portal al que se criminaliza, a pesar de no sevir para hacer pirateria (sirve para alojar todo tipo de contenidos con y sin derechos de autor). ¿Nos están preparando para lo que viene? ¿La criminalización de comunidades de usuarios enteras, aunque la tecnología no sea en sí el delito?

Además, incautados por el FBI los datos de los 150 millones de usuarios, es muy probable que comencemos a ver acciones legales contra muchos de ellos, al menos los residentes en EEUU. Los ciudadanos en el punto de mira. Y lo peor es que aún no se han aprobado las leyes ‘antidescargas’ en el país de Obama. Esto es un aviso de lo que vendrá con la SOPA y la PIPA… y la SINDE, recién aprobada en España. Cualquier página web puede infringir, sin saberlo, estas nuevas leyes. Se estrecha el cerco a nivel mundial y los ciudadanos estamos dentro de él.

Estas prohibiciones y persecuciones, además, se enlazan con otras leyes de reciente aprobación en EEUU, y que permite imaginar la represión que viene: la National Defense Authorization Act, la National Patriotic Act, la laxitud del término terrorismo (¿alcanzará a esos Robin Hoods modernos que se hacen llamar Anonymous? ¿Y a aquellos ciudadanos que suban a Internet archivos con copyright?). Con el tiempo lo iremos viendo, pero no pinta bien.

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Sígueme en Twitter: @eduardomuriel

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Acerca de Eduardo Muriel

Periodista y comunicador social. Actualmente vivo en Barcelona y desde allí colaboro con La Marea y escribo una columna en El Correo Extremadura

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