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Política

Tras las huellas de Grecia: menos derechos públicos, más libertades empresariales


“Hay muchas maneras de matar. Pueden meterte un cuchillo en el vientre. Quitarte el pan. No curarte de una enfermedad. Meterte en una mala vivienda. Empujarte hasta el suicidio. Torturarte hasta la muerte por medio del trabajo. Llevarte a la guerra, etcétera. Sólo pocas de estas cosas están prohibidas en nuestro Estado”, Bertolt Bretch

Contrasta la corrección de los dirigentes de la patronal ante las cámaras con la actitud que tienen a espaldas de éstas. Hace dos días, antes de la rueda de prensa de valoración de la reforma laboral, un cámara de La Sexta cazó a los presidentes de la CEOE, Juan Rosell, y de la Cepyme, Jesús Terciado, entre risas. Poco antes de comenzar la comparecencia, Rosell advertía a Terciado: “Serios, muy serios, que si no…”.

Cualquiera diría, como ha asegurado Mariano Rajoy, que la reforma laboral le quita “mucho poder” tanto a empresarios como a sindicatos. Mientras que los líderes de CCOO y UGT comparecían con cara mustia y criticaban la pérdida de derechos de los trabajadores, los de la patronal aplaudían la reforma y apuntaban incluso a revisar el derecho de huelga. Crecidos, pletóricos.

Hoy el Gobierno ha remitido al Congreso de los Diputados la Memoria para el análisis del impacto de la reforma laboral y en él explica que a más riesgo de despido, más esfuerzo por parte de los trabajadores. La lógica perversa de amenazarte con el paro y lo que conlleva —no poder pagar hipoteca, necesidades de tu familia, etc.— para que trabajes bajo cualquier condición laboral sin posibilidad de quejarte o reclamar unos derechos que ya no existen.

Mientras la patronal celebra la reforma y los trabajadores la sufren, Rajoy anuncia que el paro empeorará en 2012. ¿La explicación? Por un lado, todo apunta a que el aumento de las libertades de los empresarios para despedir a los trabajadores va a surtir efecto, aunque ellos defiendan lo contrario. Por el otro, el Gobierno planea el cierre del 25% de las 4.000 compañías públicas existentes, lo que afectará a 150.000 trabajadores. Entre las compañías figuran algunas de necesidad básica, como el suministro de agua o la gestión del Patrimonio, según apuntaba el diario económico Expansión en su edición del 16 de febrero.

La estrategia parece estar clara: desinflar lo público —lo que es de todos y para todos— y dar más libertad al empresario para que pueda imponer las condiciones laborales que quieran a sus trabajadores. La más probable consecuencia será más paro y más trabajos basura. Pero el dinero público se sigue dedicando a “sanear” la banca, con PP+PSOE+CiU como promotores. Luego dirán que las arcas públicas están en déficit y que hay que potenciar lo privado. Veremos si lo privado alguna vez “sanea” desinteresadamente a lo público.

Mientras, vemos cómo se hunde Grecia bajo políticas de liberalización y austeridad como las que se nos aplican ahora a los españoles, pero elevadas a su máxima virulencia, a cambio de los rescates de la UE. “No son rescates, son chantajes”, decía una pegatina de Juventud Sin Futuro. Cada vez lo vemos más claro.

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Acerca de Eduardo Muriel

Periodista y comunicador social. Actualmente vivo en Barcelona y desde allí colaboro con La Marea y escribo una columna en El Correo Extremadura

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