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Política

Sabían el camino de vuelta a Sol: una crónica personal y multimedia del 12M


No hubo quien las parara. Llegó el día del aniversario, y ni las amenazas de desalojo o la de endurecer el código penal impidieron que miles de personas tomaran las calles de Madrid.

Me uní a la Marcha Este cuando se acercaba ya a la Puerta de Alcalá en dirección a Sol. Lo primero que hice fue recorrerla al revés, desde la cabecera hasta la cola. Y me convencí: esto es 15-M. Una multitud de cientos de colores y con otras tantas pancartas avanzaba alegre y reivindicativa hacia Sol. Un cartel irónico por aquí, otro serio por allá, una guillotina de cartón al fondo con un chorizo cortado en rodajas. Todo en su sitio, pensé.

Cuando la marcha llegó a la Puerta de Alcalá, el grupo de la guillotina interpretó su particular performance. Ajusticiaron el chorizo, a la primera… no, a la segunda… la guillotina se quedaba encajada a medio camino. A la tercera, el “metal” bajó y cortó una “rodaja” del chorizo en la que había un dibujo de una corona. Tras ello, se pusieron a entonar la canción de ‘A las barricadas’, pero con la letra ligeramente cambiada: “A la guillotina, a la guillotina, en rodajas el chorizo está mejor”.

Así lo celebraron, entre aplausos y vítores:

Un indignado celebra el ajusticiamiento de un chorizo, que resulta ser la Corona – Foto: @EduardoMuriel

En Cibeles hubo otra pequeña parada. Frente al Ayuntamiento, los cánticos indignados fueron a por la alcaldesa de Madrid, Ana Botella. “A esa alcaldesa nadie le ha votado”, gritaban. Además, sonaban los típicos lemas: “Que no, que no, que no tenemos miedo”, “De norte a sur, de este a oeste…”, etc. Así estaba el ambiente al pasar por el lugar:

Subiendo por Alcalá, ya llegando a Sol, pude ver también a los abuelos del 15-M o, como ellos prefieren que los llamen, los yayoflautas, que abrían la marcha llegando a la ansiada plaza. “Con este gobierno vamos de culo, con el 15-M vamos de frente”, cantaban los veteranos. A su lado, como queriendo acentuar el contraste de la variedad generacional del movimiento, avanzaban los del colectivo Juventud Sin Futuro.

Detalle de la cabecera de los Yayoflautas, a la izquierda, y de Juventud Sin Futuro, a la derecha – Fotos: Eduardo Muriel

Ya en Sol, la plaza comenzó poco a poco a llenarse. La gente aplaudía cada vez que una nueva marcha desembocaba en el kilómetro cero y comenzaba a desatarse una fiesta de consignas y batucada. El objetivo se había cumplido, pese al miedo que desde el gobierno se había intentado generar en las últimas semanas. Habían llenado la plaza y habían cumplido la amenaza que dejaron caer un año atrás: “Sabemos el camino de vuelta a Sol”.

De los 16 a los 74 años, todos en Sol

María victoria, de 74 años, y Concepción, de 69, en el centro de la Puerta del Sol el pasado 12M – Foto: @eduardomuriel

El kilómetro cero era un crisol de pancartas, consignas, gente de todas las edades, trabajo y condición. Entre esos miles de protagonistas de la movilización (o antagonistas del sistema, según se mire) encontré a María Victoria (“Viqui”), de 74 años (“¡en junio hago los 75!”), y a Concepción, de 69. Las dos parloteaban alegremente sentadas junto al puesto de InfoSol, en pleno centro de la plaza.

Concepción, que llevaba su propia silla plegable para aguantar las largas horas de estancia en Sol, cuenta cómo, el pasado 15 de mayo, se encontró de frente con una amiga en la plaza abarrotada y, al verse, se pusieron a llorar “como tontas, sin poder explicar la emoción que nos invadía”. “El día que vi que tanta gente se movía, y no por una ideología mezquina, sino por un mundo mejor, no sabéis lo que yo sentí”, explicaba con una amplia sonrisa. María Victoria, mientras asentía, agregaba: “Cuando he llegado me ha entrado un lloro de emoción y de amor, al ver a la gente en la calle. Estoy sobre todo encantada de ver a la juventud”.

Principalmente es por los jóvenes por lo que estas dos jubiladas se manifestaban. “Yo ya tengo mi pensión y todo solucionado, pero estoy aquí por mis nietos, por mis hijos, que necesitan ayuda”, explicaba María Victoria.  Además, Viqui, como prefiere que le llamen, hablaba de las injusticias que suponen los desahucios, la imposibilidad de acceder a una vivienda, la banca “que nos está robando”, las medidas de este gobierno…

Concepción, con un trasplante de hígado y su banqueta plegable, y Viqui, con la rodilla torcida, se mostraban orgullosas de estar en Sol. Les comenté que mucha gente a su edad puede pensar que ya es tarde para moverse. “¿Vale la pena?”, les pregunté. “¡Vale la pena! ¡Esto es vivir!”, me respondieron las dos con un gesto que me convenció en seguida. Se diría que debajo de la piel arrugada había dos niñas que habían recuperado la ilusión.

Román e India, a la izquierda, y Lucas, a la derecha del todo, junto al resto de amigos de Torrelodones – Foto: @eduardomuriel

Dejé a las dos jubiladas y me acerqué a un grupo de jóvenes que, a escasos metros, levantaba sus carteles acompañando las consignas que se oyen en Sol. Tienen 16 años y venían todos de Torrelodones, (“el pueblo que está en la A-6”, me explicaron, por si no me sonaba). La verdad es que estos chicos, estudiantes de instituto, no podían reprimir cierta envidia sana al ver a tanta gente manifestándose.

India me explicó que están intentando movilizar a la gente en su pueblo. Han organizado un grupo de estudiantes, han editado un vídeo, pero aseguran que cuesta mucho hacer que sus compañeros se muevan. Por lo menos, Sol les ha servido para cargar las pilas. “Nuestro pueblo está muy poco despierto, así que al ver esto hemos sentido mucha ilusión”, comentaba con una sonrisa.

Estos estudiantes habían acudido principalmente, según explicaba Lucas, a “reivindicar nuestro derecho a una enseñanza pública de calidad, y para animar a la gente de Torrelodones para que se venga y participe todo lo que pueda”. Este joven ya vino el año anterior, pero esta vez ha descubierto algo nuevo: “Me ha conmovido mucho ver a una mujer de 68 años coger el micrófono, porque lo normal es que a su edad se pierda ese sentimiento de querer cambiar las cosas. Es una impresión que tenía hasta hoy, y me ha emocionado”, explicaba.

Román afirmaba que está en Sol porque no se cree “lo que nos están intentando hacer creer con la crisis”. “Me indignan las desigualdades económicas, me gustaría que hubiera más igualdad, porque hay gente que lo está pasando muy mal y no se lo merece”.

Les pregunté si creían que con el cambio de Gobierno la situación es ahora diferente a la de hace un año. India asegura que no: “El PSOE tendrá parte de culpa de la crisis, pero ese no es el foco, el problema es mundial. El PP lo único que hace es aplicar medidas más neoliberales”

Me despedí de ellos y me di una vuelta por Sol. La plaza ya estaba llena. Desde los altavoces anunciaban que a las 12 de la noche habría un minuto de silencio. “La plaza es nuestra”, gritaban, y eran respondidos por un atronador aplauso. La gente parecía dispuesta a desafiar el límite horario impuesto por la Delegación del Gobierno de Madrid.

Me fijé en un hombre bien vestido, con camisa, y muy pocos aires de perroflauta (por no decir ninguno). Me acerqué. Agustín tiene 32 años y es ingeniero. Ahí es nada. ¿Por qué has venido? “He venido para protestar, ya que aunque a lo mejor no estoy de acuerdo con todo lo que se reivindica, con el grueso de la protesta sí lo estoy”, explicó. Agustín comentó que lo que más le gusta del 15-M es “lo pacífico que es todo, nunca hay ningún problema” y, aunque en un principio aseguraba que no le ve nada malo al movimiento, al final confesó: “Algunas cosas me parecen algo utópicas, y por otro lado las propuestas son muy dispares. Ves desde banderas republicanas hasta pancartas sobre los bancos. A lo mejor tienen razón en todo, pero quizás deberían concretar un poco”.

Agustín aseguraba además que no le sorprende el número de personas que se han manifestado el 12 de mayo. “Imagino que las protestas irán a más, porque los recortes que están haciendo incitan mucho más a la gente a salir a la calle”, concluyó.

Desalojo con nocturnidad y alevosía

Tres agentes de policía observan la concentración de indignados – Foto: @eduardomuriel

La hora marcada por la delegada del Gobierno, Cristina Cifuentes, para desalojar la plaza había pasado, y ésta seguía llena hasta los topes, así que me acerqué a preguntarle directamente a la policía. Hasta cuatro agentes me dijeron que no tenían ninguna orden al respecto y se mostraban entre sorprendidos y resignados. “Si este gobierno es serio, supongo que nos tendrán que decir ya que desalojemos”, me confesó uno de ellos (algo raro, ya que no suelen opinar).

Entonces me di cuenta de que se temían lo peor, quizás revivir aquellos momentos en los que tuvieron que trabajar día y noche para bloquear Sol el año pasado y que acabó creando momentos de tensión entre policía y manifestantes. Los agentes se sentían sobre explotados, cansados y saturados. Esto, por supuesto, no justifica ni lo más mínimo los capítulos de exceso y maltrato policial sobre manifestantes que quedaron registrados en vídeo y que se han archivado sin depurar responsabilidades. Pero sí daba una idea de lo que pasaba por la cabeza de los agentes que se encontraban allí desplegados, a la espera de órdenes, sin saber si se irían pronto a casa.

Pasadas las doce, y viendo poca predisposición de desalojo, cogí la mochila y me volví a casa, confiando en que no ocurriese nada durante la noche.

Al final, Sol fue desalojado muchas horas después de la hora fijada por Cifuentes, ya avanzada la madrugada, cuando sólo quedaban en la plaza unas 200 personas. Resistieron pacíficamente y fueron detenidas 18 de ellas.

Aquí dejo esta fotogalería que hice como resumen de la jornada:

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Acerca de Eduardo Muriel

Especialista en Marketing Digital en @Fotocasa (@SchibstedSpain) Adquisición y retención. Social Ads y Mobile App Mkt. Emigrante, como buen extremeño.

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