No importa que la CEOE pida más flexibilidad en los contratos, que el FMI reclame una bajada de salarios o que el partido que está en el Gobierno se encuentre carcomido desde su raíz hasta su copa por la corrupción y las cuentas en Suiza. Da igual que el paro juvenil supere el 50%, que la sanidad y la educación pública se encuentren en proceso de demolición o que se esté cocinando un nuevo rescate con dinero de todos los contribuyentes a la banca privada. Nada de esto importa. Lo que tenemos que hacer, todos a una, es gritar: Patria, patria, patria. Devuélvannos gibraltar, malditos británicos. Volvamos a reclutar a los tercios. Resucitemos a Blas de Lezo. Bajemos el telón rojigualda sobre la estafa de nuestras élites.
En las redes sociales, las barras de los bares, y en cualquier sitio donde en algún momento se hable de política, Bárcenas casi ha desaparecido. El Gobierno ha tirado una bomba de humo que ha surtido efecto, como siempre lo ha hecho el recurso del patriotismo mal entendido. Y todos picamos, desde la derecha hasta la izquierda. Unos a favor, otros en contra, pero lo cierto es que la palabra Gibraltar es trending topic fuera y dentro de Internet. Es un tema de conversación mucho más simple para sacarlo en la playa, entre lata de cerveza y chorro de crema, que los ataques difusos y subterráneos del neoliberalismo.
Esa capacidad para crear agenda, monopolizar discursos y enterrar aspectos incómodos hace que la oposición, la verdadera oposición a las políticas de los poderes financieros, se quede muy lejos del debate público. En resumen, la bomba de humo del PP ha funcionado. Pero, por favor, reaccionemos: Si Gibraltar deja de ser británico, nuestra vida será igual de precaria. Si nos siguen bajando sueldos y retirando derechos, será peor. Centrémonos.





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